5 feb. 2014

FE Y CULTURA CRISTIANA

5 feb. 2014 a las 10:41
FE Y CULTURA CRISTIANA
Cuando hablamos de cristianismo no estamos hablando de una ideología o de un programa moral. El cristianismo es un acontecimiento, una persona.  Por eso la fe cristiana es adhesión a la persona de Jesucristo reconocido como Dios y hombre verdadero. Esta es convertiría en una idea, en un recuerdo de algo que aconteció o en un conjunto de normas que habría que cumplir. Sin embargo la fe es un misterio de gracia. Es la respuesta a una invitación que nos llega a través de la Iglesia, a través de los signos de su presencia. Es la gracia de Dios que nos atrae y se hace visible en los acontecimientos de nuestra vida.
                Esta fe, como ocurrió con los primeros cristianos, cambia nuestra vida, nuestro modo de pensar, nuestro modo de hablar y nuestro modo de afrontar las cosas que nos pasan: el nacer y el morir, la salud y la enfermedad, el trabajo, el amor y la amistad, la enfermedad y el sufrimiento, etc. En definitiva, la fe conforma nuestro vivir y se hace cultura, civilización cristiana. De este modo la fe ha modulado el tiempo, el espacio, el lenguaje y todo el devenir humano. De aquí arranca la importancia de los gestos y de las manifestaciones públicas de la fe. Entre ellas, a lo largo del Año litúrgico, destaca el Triduo Pascual y la Semana Santa.
                Al llegar estas fechas las Hermandades y Cofradías, como una concentración del trabajo de todo el año, manifestáis por las calles los acontecimientos centrales de la fe transformados en piedad popular, en cultura cristiana: las procesiones y las imágenes evocan los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Junto a la imagen central del crucificado desfilan los discípulos y, sobre todos ellos, la Virgen María siguiendo el dolor de su Hijo y manifestando la alegría de la resurrección.
                A vosotros, queridos cofrades, os corresponde, siguiendo los caminos de la fe, ser artífices de auténtica piedad y cultura cristiana. A vosotros os corresponde, partiendo de la Liturgia del Triduo Pascual, llenar nuestras calles y plazas de la belleza del memorial de nuestra salvación. Vuestro procesionar nos recuerda que no estamos solos, que es posible la alegría porque nuestro mundo ha sido abrazado por Dios. Y si Dios está con nosotros es posible la esperanza.
Con mi bendición y afecto.
X Juan Antonio, Obispo complutense

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